Esta gigantesca figura llameante arde y se desmorona sin cesar, pero nunca llega a consumirse. Entre sus llamas, un rostro parece formarse y desvanecerse continuamente. Se alimentan de la fuerza vital de los seres que habitan la realidad. Son capaces de descubrir yacimientos de cualquier tipo de material que desprenda radiación o energía por insignificantes que sean, incluso si provienen de seres vivos.
Los vampiros de fuego, también conocidos como espectros de las llamas, son los vestigios agonizantes de criaturas elementales de fuego cuya fuerza vital ha sido drenada, ya sea por el contacto con los muertos vivientes o por la convergencia planar entre el Plano Elemental del Fuego y el Plano de la Energía Negativa. Compuestos por llamas espectrales casi transparentes, surcadas de extrañas tonalidades, desprenden un calor abrasador que marchita cuanto los rodea.
Estas criaturas nacen en el cosmos, entre las llamas menguantes de las estrellas moribundas, y son arrojadas al vacío por el colapso de estrellas de neutrones o por las violentas ondas expansivas de las explosiones de novas y supernovas.