Títulos: «El Fulgor Incandescente», «El Peregrino de las Estrellas Muertas», «La Luz que No Debió Ser», «La Última Luz»
Adjetivo: -
Reinos: Fomalhaut
Alineamiento: Caótico, Maligno
Areas de interés: Energía, radiación, luz, fuego
Seguidores
Edictos
Anatemas
Alineamiento de los seguidores
Caóticos, Malignos
Neutrales, Malignos
Caóticos, Neutrales
Neutrales, Neutrales
Dominios: Caos, Fuego
Subdominios:
Arma sagrada:
Símbolo sagrado:
Animal sagrado:
Colores sagrados:
Diáconos:
Campeones y otros proxys
Una reacción metafísica sintiente cuya primera manifestación coincidió con el colapso de una gigante roja en un punto donde el universo conocido rozó aquello que existe más allá de su expansión.
Su existencia vuelve la realidad a su alrededor inestable, dando paso a un fenómeno conocido como las «Pústulas de Lucidez». Dichas pústulas de color naranja pálido, que irradian el fulgor de «La Última Luz», surgen en objetos y organismos. En ocasiones crecen hasta explotar, desintegrando a su huésped sin dejar rastro; sin embargo, quienes son capaces de mantenerlas a raya pueden incluso aprovecharse de ellas. Estudios apuntan a que las «Pústulas de Lucidez» son más una infección que un fenómeno mágico o físico. No obstante, cuando Cthugha dirige su atención hacia algo concreto, puede provocar la deflagración exclusiva de un objeto, alterar conceptos abstractos de los objetos y organismos infectados o alterar las propiedades mismas de las llamas. Escritos ignotos hablan de rocas moldeables como la masa de pan o llamas que no queman pero que pesan como el plomo.
En el albor de Cthugha se formó Fomalhaut, y a través de ella sus acólitos comulgan con «El Peregrino de las Estrellas Muertas». Según los modelos astronómicos más inverosímiles, Fomalhaut sería la única estrella que no ocuparía un lugar dentro del universo observable, sino que se hallaría allí donde las leyes de la realidad no son constantes ni ciertas; donde los seres de más allá de las estrellas moran y donde las mentes animales, humanas o divinas desaparecen o mutan.
Sin forma física definida, los mortales lo han representado de infinitas formas. Entre las ilustraciones conservadas aparecen grandes estrellas semejantes al sol, orbes de plasma goteante y candente, inmensos focos de luz y variantes de todas ellas provistas de tentáculos, ojos de plasma o filamentos que se extienden por todo aquello que su luz baña. Ninguno de los bocetos que se han encontrado coincide entre sí, e incluso personas que han sido testigos de su presencia al mismo tiempo afirman recordar formas totalmente diferentes. Los pocos estudios existentes sostienen que no es la memoria la que falla, sino la percepción.
Los estudiosos del cosmos y ocultistas han registrado manifestaciones de Cthugha en las inmediaciones de enanas negras, donde desaparece poco después. También se le ha observado vagando entre gigantes rojas y enanas blancas, o errando alrededor de estrellas de neutrones y agujeros negros. Ninguno de sus movimientos mantiene un patrón y Cthugha aparece con la misma brusquedad con la que se desvanece en la negrura del espacio. Todos los modelos predictivos elaborados hasta la fecha han terminado siendo inútiles, pues todos convergen en un origen común: Fomalhaut.
Sus cultistas y seguidores por lo general son astrónomos, astrólogos, pirómanos y físicos. Los cultos más o menos organizados, siempre pequeños y segregados, son perseguidos por lo peligroso que es la mínima presencia de Cthugha en cualquiera de sus posibles facetas. Todos los cultistas y seguidores de «La Luz que No Debió Ser» presentan diferentes afecciones, desde quemaduras y abrasiones en diferentes partes del cuerpo producidas por fuego, explosiones o radiación, hasta albergar «Pústulas de Lucidez», ganando así poderes extraños y entrópicos.
Su heraldo Fthaggua, luz guía de los Vampiros de fuego, perturbación consciente de naturaleza radiactiva, cuyo aspecto para los mortales es el de una enorme llama azul dentuda, deambula por la realidad almacenando fuentes de energía y radiación, que más tarde canaliza hacia Fomalhaut cuando esta se alinea con Cthugha. Dicha canalización abre una brecha que conecta directamente con Fomalhaut, lo que permite que la presencia de «El Fulgor Incandescente» influya en las zonas circundantes, desatando anomalías extradimensionales y el surgimiento de «Pústulas de Lucidez».
Los Aigthar, como se les conocía en una era ya olvidada, o «Criaturas de fuego de Cthugha» como les conocen los moradores de la realidad hoy en día, nacen de los restos de las «Pústulas de Lucidez» que explotan. Seres incorporales que calcinan la materia a su alrededor inconscientemente. Las personas que los han contemplado y sobrevivido al encuentro los describen y representan de mil maneras distintas: llamas incandescentes y convulsas, pequeños orbes perfectos de fuego o explosiones intermitentes que jamás llegan a extinguirse. Ninguno de los testimonios o ilustraciones coincide entre sí. Esto ha dado paso a una incógnita todavía sin respuesta: ¿son los Aigthar quienes cambian constantemente o es el propio observador quien deja de percibir la realidad de forma coherente?
Los vampiros de fuego, masas inestables de limo candente que se alimentan de la fuerza vital de los seres que habitan la realidad, son en su mayoría estúpidos y están guiados por un hambre voraz, pero increíblemente útiles a la hora de descubrir yacimientos de material radiactivo o fuentes de energía, por insignificantes que sean.